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6.10.14

Tercera Edad. Caracteristicas

PERSPECTIVAS DE LA PSICOLOGÍA EVOLUTIVA ACTUAL

Las razones que explican el aumento constante de la población anciana en relación con la población total son ante todo, por una parte, los avances médicos que han elevado la esperanza de vida y por otra, la disminución del índice de natalidad.

Se va en camino, pues, de formar parte de una sociedad envejecida en la que si el progreso médico continua como hasta ahora nos encontraremos con ancianos que contarán en el futuro con un más alto grado de salud, educación y actividad política. Este hecho va a suponer un cambio en la estructura social total. Para afrontar este proyectado cambio en la estructura social, se hace necesaria una labor conjunta entre distintas disciplinas.

Ante todo hay que tener en cuenta, la perspectiva del ciclo vital como una unidad, lo cual lleva implícita la consideración de que la vivencia de la vejez está determinada por las experiencias que el sujeto ha ido acumulando a lo largo de su vida.

La mayoría de las personas cuando alcanzan la tercera edad, no están preparados para asumir su papel y lo viven como un periodo largo y angosto. Ello es debido en parte, a que las normas y el sistema educativo que les ha condicionado no ha tenido en cuenta las consecuencias prácticas relacionadas con este periodo de la vida adulta. Si queremos mejorar la situación social en la que se encuentran inmersos los ancianos, hemos de empezar por demoler una serie de prejuicios que nuestra cultura tiene sobre ellos. Estos mitos son casi siempre negativos, y en ellos subyace la idea de que la vejez es la etapa más penosa de la vida, en la que el hombre, mermadas sus facultades nada tiene que hacer salvo esperar pasivamente la muerte. Los cambios psicológicos que se presentan en la última fase de la vida no están causados pues por la edad cronológica, sino de la ocurrencia de sucesos que supongan un cambio en su modo de vida habitual.

Existen hechos más importantes que el paso de los años, como parece ser la desaparición del rol que ha ocupado el núcleo central de la vida, económica, social y psicológica con la jubilación, o el nido vacío en el caso de las mujeres; y a ellos hay que dedicarles atención como núcleos de cambio importantes. Pero al analizarlos estos dos hechos no tienen por qué suponer necesariamente hechos negativos en el acontecer vital del individuo. Si lo constituyen es porque la organización vital ha sido hecha en nuestra sociedad en base a la ocupación de un rol exclusivo.

Glick (1980) describe los 4 estadios que Moody (1976) enunció acerca de modos de comportarse con los sujetos ancianos en la sociedad. Describe 4 etapas:

1. Rechazo: El viejo es visto como un cuerpo parásito que consume más que produce.
2. Servicios sociales: Las medidas para remediar la situación surgen de una ética liberal y una conciencia social que se manifiesta por una seguridad social.
3. Participación: Se aboga por el fin de la pobreza, abolición de la jubilación obligatoria, oportunidad de nuevos trabajos.
4. Actualización: Se defiende una concepción de la vejez como la complectud del ciclo vital.

DECÁLOGO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA (S.E.G.G)

1. El alto envejecimiento de la población española es un logro histórico:
El envejecimiento de un país es consecuencia de su progreso. España es un ejemplo. Debemos de felicitarnos para ello. En ningún caso presentarlo como una carga o un problema.

2. Toda persona mayor debe sentirse orgullosa por haber llegado ahí:
Para un individuo envejecer supone haber sobrevivido a enfermedades, accidentes, etc. Quizás siempre se cuidó para vivir más años. Debe sentirse afortunado y orgulloso por llegar a ser mayor.

3. La vejez puede ser una etapa de la vida tan positiva como cualquier otra:
Con los progresos de la ciencia y del desarrollo económico y cultural, la vejez puede ser cada vez más una etapa de la vida tan plena como cualquier otra: productiva, creativa, afectiva y de relaciones sociales, de calidad de vida e independencia, etc.

4. No es justo que se fomenten temores y sobresaltos en las personas mayores
:
Los españoles que llegan a la vejez se merecen vivir sin sobresaltos. Han hecho méritos y esfuerzos para ello. No parecen justos los mensajes frecuentes referentes a la pérdida parcial de derechos adquiridos: pensiones y atención sanitaria principalmente.

5. La dependencia no es consecuencia de la edad:

Las situaciones de incapacidad o dependencia son más frecuentes con la edad, pero en modo alguno son una consecuencia de la misma. Se deben a problemas de salud. Hoy la ciencia nos dice que es posible disminuir la frecuencia e intensidad de la dependencia, retrasar su aparición. Otros países ya lo están consiguiendo. En el nuestro no estamos haciendo las cosas bien y muchas situaciones de dependencia nunca debieran haberse producido.

6. Es posible disminuir la frecuencia e intensidad de la dependencia:

La educación sanitaria, y la prevención y control de las enfermedades crónicas, son dos de las tres medidas necesarias para disminuir la dependencia. Con los recursos sanitarios actuales de nuestro país es posible conseguir dichos objetivos, siempre que se reorienten hacia la población envejecida que ahora atienden.

7. Algunas personas mayores necesitan servicios sanitarios más eficaces:
Unos servicios sanitarios eficientes con el paciente añoso es la otra medida imprescindible para disminuir su dependencia y aumentar su calidad de vida. Aquí los recursos existentes son claramente insuficientes, especialmente cuando se trata de personas muy mayores, con varias enfermedades y alto riesgo de perder su función.

8. La atención geriátrica es un derecho básico al que no tienen acceso la mayoría de las personas mayores cuando lo necesitan:
La ciencia ha demostrado que la Geriatría es una especialización sanitaria eficiente e imprescindible para limitar la dependencia en su justa medida, disminuir el sufrimiento y aumentar la calidad de vida de ese grupo complejo de pacientes que tienen problemas de salud. En nuestro país no está garantizado el derecho a una atención específica a la salud de las personas mayores al que se refiere el artículo 50 en nuestra Constitución. No puede esperar más tiempo.

9. Es necesaria una ley de dependencia justa y que apoye a las familias:

Cuando las situaciones de dependencia se producen, es preciso ayudar a las familias en los cuidados, con la potenciación domiciliaria en primer lugar y con internamientos temporales o definitivos cuando se requiera, donde se garanticen los cuidados de calidad. También es este aspecto en España estamos por debajo de la media europea. Una ley justa, universal y equitativa sobre la dependencia es una necesidad urgente.

10. Al final de la vida, la asistencia debe de ser geriatrizada, no paliativizada:

La vejez termina con la muerte. Pero también a veces la infancia, la juventud, y la madurez pueden terminar de la misma manera. No existen argumentos científicos ni humanos para relacionar vejez con terminalidad, algo que con frecuencia se transmite incluso desde ámbitos sanitarios. Otra cosa son los cuidados al final de la vida, complejos a veces para que sean de calidad. La Geriatría da respuesta a ellos. No los paliativicemos.








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27.2.14

Trastornos psquiatricos en el anciano

TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS MÁS FRECUENTES EN EL ANCIANO


Trastorno de memoria asociado al envejecimiento:

El crecimiento de la población anciana ha puesto de relieve los problemas de salud relacionados con el envejecimiento, y entre ellos, los trastornos psiquiátricos. La razón fundamental para ello se basa en la elevada prevalencia de trastornos psiquiátricos entre los ancianos y en las especiales características que ofrece la enfermedad psíquica en el anciano. Entre ellas podemos destacar el solapamiento de algunas manifestaciones psicopatológicas con el envejecimiento normal, la comorbilidad con trastornos somáticos, y la importancia de los factores psicosociales.
imagen curso animador personas mayoresAl envejecer, en el marco del proceso de la memoria, la memoria semántica, que permite comprender y expresar el lenguaje se altera poco o nada, así como la fluidez verbal y la memoria episódica o autobiográfica. La inteligencia cristalizada, representativa de la experiencia, aumenta, mientras la inteligencia fluida (la capacidad de adaptación) merma ligeramente. Conforme las personas envejecen, se preocupan más por los olvidos. Las quejas subjetivas de falla de la memoria aumentan considerablemente al envejecer pero apenas la mitad de quienes se quejan manifiestan disminución en sus capacidades funcionales como consecuencia de las fallas de memoria. Cuando esto ocurre, se habla de la presencia de un Trastorno de la Memoria Asociado al Envejecimiento (TMAE).

El término TMAE ha sido adoptado para describir a ancianos sanos, pero con disminución de la memoria que no están dementes y quizá no lleguen a estarlo. El síndrome de pérdida de memoria en el anciano se debe en la mayoría de los casos a un síndrome de demencia, y especialmente a una enfermedad neurodegenerativa, la enfermedad de Alzheimer.

Estado confusional:

Es una síndrome y como tal, es pluricausal, caracterizado por una alteración difusa de las funciones superiores cuyo componente más característico es la alteración de la atención. Se caracteriza por desorientación en tiempo, espacio y persona; respuestas inadecuadas a órdenes complejas; incapacidad para mantener una línea coherente de pensamiento y acción; lenguaje incoherente con respuestas inapropiadas que dificultan mantener una conversación e ilusiones sensoriales y alucinaciones generalmente visuales.

 Los rasgos clínicos más destacables son la alteración de la atención y concentración y la desorganización del pensamiento. El paciente experimenta una disminución de la capacidad de mantener la atención a los estímulos ambientales y de la capacidad de variar su centro de atención de un grupo de estímulos a otro. El pensamiento está desorganizado, y en consecuencia, también el lenguaje, que se vuelve prolijo y con pérdida de meta. Otros síntomas que pueden aparecer son alteración del nivel de conciencia, alteraciones motoras como agitación o inhibición, delirios, desorientación y deterioro de la memoria reciente, así como alteraciones emocionales (miedo, ansiedad, irritabilidad, ira) y trastornos del comportamiento (agresividad, intentos de quitarse sondas o vías...), desorientación temporo-espacial prácticamente constante y percepción errónea de estímulos sensoriales más acusada, con frecuentes alucinaciones, fundamentalmente visuales. Pueden alternarse períodos de lucidez y episodios delirantes en los que aparecen alucinaciones complejas, similares a las ensoñaciones, que suelen experimentarse con terror.

El síndrome de confusión aguda es uno de los trastornos más frecuentes en los ancianos. Puede presentarse en cualquier edad sin embargo, es más frecuente en ancianos debido a la mayor disminución de la «reserva cerebral», especialmente por la preexistencia de demencia. Este síndrome es un síndrome de mal pronóstico y hay un aumento de la mortalidad tanto durante como después de la hospitalización. Diversos estudios han demostrado que entre el 15-20% de los pacientes hospitalizados con delirium mueren durante la hospitalización.

Una variante de síndrome confusional es el delirium, definido como un estado confusional agitado que asocia hiperactividad simpática, como temblor, hipertensión, sudoración, midriasis o taquicardia. El cuadro típico es el delirium tremens (la forma más grave de síndrome de abstinencia alcohólica caracterizada por una marcada desorientación, alucinaciones visuales y auditivas, insomnio, taquicardia, hipertensión arterial y dilatación pupilar).

Delirium es un estado en el cual se produce obnubilación de la conciencia, es decir una reducción de la capacidad de identificar y reconocer el entorno (reducción leve o moderada del estado de alerta en la que lo más destacado es un defecto de la atención, se distrae fácilmente durante la exploración, con tendencia a malinterpretar las percepciones sensoriales, acompañado generalmente por respuestas lentas a la estimulación, con cierto grado de somnolencia diurna excesiva, que puede alternar con agitación nocturna). Esto conlleva a dificultades severas de la atención, falsas percepciones, y pensamiento desordenado, trastornos de la actividad motora y del ciclo de sueño-vigilia.

El delirium es un síndrome orgánico cerebral causado por uno o varios factores que dan lugar a una disfunción cerebral global. Los factores orgánicos son principalmente de cuatro tipos: enfermedades primarias cerebrales, enfermedades sistémicas que afectan al cerebro (infección urinaria, neumonía deshidratación, alteraciones metabólicas, anemia), agentes tóxicos exógenos y la abstinencia de sustancias que producen dependencia. Los estudios sobre factores desencadenantes en ancianos encuentran con frecuencia agentes como fármacos, trastornos metabólicos, infecciones, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, cáncer. Entre los factores precipitantes se encuentran la edad, el daño cerebral previo, o la presencia de enfermedades degenerativas, como la enfermedad de Alzheimer. De hecho, no es raro que un cuadro de delirium ponga de relieve una demencia subyacente que hasta entonces había pasado desapercibida.

Clínicamente, el delirium es un cuadro de inicio brusco y curso fluctuante, con empeoramiento típico durante la noche o al atardecer.

Depresión:

No es infrecuente que la depresión aparezca por primera vez después de los 60 años, aunque la mayoría de las depresiones graves tras cumplir dicha edad son recaídas. En la población anciana, la depresión con frecuencia se diagnostica mal, o no se reconoce, o queda enmascarada por síntomas somáticos o por deterioro cognoscitivo.

Existen evidencias de que la prevalencia de depresión es mucho mayor entre los ancianos institucionalizados. Aproximadamente, entre el 10-20% de los individuos de edad igual o superior a 60.

Los síntomas de la depresión en los ancianos pueden ser diferentes de los que aparecen en adultos más jóvenes, lo que acarrea dificultades para el diagnóstico, y conduce a que un elevado porcentaje de depresiones en el anciano carezca del tratamiento apropiado. Otro problema que aparece con frecuencia es que la depresión en el anciano sea considerada como una consecuencia natural del proceso de envejecimiento o de otras enfermedades concomitantes.

 Los pacientes ancianos se quejan con menor frecuencia de baja autoestima y sentimientos de culpa, mientras que las quejas somáticas, el deterioro cognoscitivo (memoria, capacidad de concentración) y la fatigabilidad son más comunes. Por otra parte, el hecho de que algunos fenómenos relacionados con el proceso de envejecimiento se solapan con los síntomas clínicos de la depresión puede conducir a dificultades en el diagnóstico. Además de los cambios asociados al envejecimiento, el duelo normal ante la muerte de un ser querido también puede confundirse con la depresión.

La depresión se asocia a unos trastornos cognoscitivos y conductuales caracterizados por una falta de motivación, fallos de atención, bradipsiquia (enlentecimiento en la velocidad del pensamiento), síntomas vegetativos, tristeza profunda, desesperanza, desamparo, impotencia, llanto y una profunda letargia (disminución de la capacidad de reacción y tendencia al sueño) sin embargo, esta sintomatología puede ser diferente en el anciano, con confusión, distraibilidad y explosiones de irritabilidad.

Por otra parte, en ocasiones la depresión en el anciano adopta formas clínicas relativamente poco frecuentes, como las denominadas «depresión psicótica» (caracterizada por la presencia de delirios y/o alucinaciones cuyo contenido suele estar relacionado con el estado de ánimo, es decir, con temas como muerte, pobreza, enfermedad), «depresión enmascarada» (aparece como molestias orgánicas - o cambios en la conducta como insomnio, pérdida de apetito, pérdida de peso y cansancio extremo)que deben tenerse en cuenta a la hora del diagnóstico.

Resulta especialmente importante el diagnóstico diferencial entre el deterioro cognitivo asociado a la depresión y la demencia.

La sintomatología clínica de los episodios depresivos que ocurren en el anciano es esencialmente la misma que aparece en otros períodos de la vida. Sin embargo, existen algunos rasgos diferenciales:

- Con bastante frecuencia no es la tristeza el motivo de la consulta, sino que, en general, los ancianos deprimidos acuden por tres tipos de circunstancias: quejas físicas, perturbaciones sociales y/o familiares, y quejas de tipo económico.
- Suele existir una intensa ansiedad, preocupaciones de todo tipo, sensación de soledad y de fracaso (preocupación por problemas físicos, miedo intenso a sucesos de baja ocurrencia de probabilidad...).
- Son frecuentes las auto-acusaciones, la baja autoestima, las ideas de ruina y los delirios nihilistas (delirio depresivo que el mundo y todo lo relacionado con el ha cesado de existir), pensamientos negativos acerca del pasado, decepción con los hijos... Puede aparecer ideación auto-lítica que en general suele ser grave.
- Entre los síntomas físicos destacan insomnio, anorexia, estreñimiento, ansiedad, dolores erráticos, marcha encorvada a pequeños pasos.
- Su aspecto es de abatimiento, tristeza, cierto estado de confusión y falta de motivación.

Insomnio:

Los trastornos del sueño son problemas frecuentes e importantes en el anciano, y de ellos el más relevante es el insomnio. Una dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo o incluso un despertar precoz, acompañados de una sensación insuficiente o no reparadora, que se presenta por lo menos 3 veces en una semana durante un mínimo de 1 mes, con las consiguientes repercusiones sobre la vigilia diurna, lo suficientemente graves, para dar lugar a cansancio diurno y otros síntomas observables.

Se ha demostrado, que su frecuencia aumenta con la edad, de forma que más del 50% de las personas mayores de 65 años que viven en su domicilio, refieren tener problemas habituales con el sueño llegando a alcanzar cifras de alrededor de 2/3 en el caso de ancianos institucionalizados.

Si bien es reconocido que el sueño reconstituye y que la consecuencia más importante de la falta de sueño es un aumento de la somnolencia diurna, su importancia radica también en que incide en el estado general de salud causando irritabilidad, mal humor, falta de concentración, deterioro de la memoria y disminuyendo la salud física y mental, con un intenso efecto negativo sobre la calidad de vida del anciano.

Se puede afirmar que lo que disminuye con la edad no es la necesidad de dormir sino la capacidad de dormir. Además con la edad, ocurren cambios en nuestro reloj biológico o ritmo circadiano. De tal manera, que a medida que envejecemos se adelanta, produciendo un adelanto de la fase de sueño, de ahí que muchos ancianos se quejen de despertarse pronto por la mañana y ser incapaces de volver a dormirse. Empiezan a sentir sueño al final de la tarde, alrededor de las 8-9, despertándose de madrugada. Por lo cual, aunque retrasen su hora de acostarse seguirán despertándose de madrugada. Significando que solo duermen de 5-6 horas, según su reloj biológico adelantado.



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