Articulos educativos y Cursos toda España y Latinoamerica para Trabajadores Sociales, Pedagogos, Educadores Sociales, Animadores Socioculturales, Educador Familiar, Profesorado, Monitor de Ludotecas, Tecnico en Integracion Social, cursos educacion, cursos trabajo social, cursos integracion social, cursos animacion sociocultural
Los niños necesitan una intervención apropiada a la edad, (por ejemplo, por medio de juegos médicos o biblioterapia), para ayudarles a comprender y afrontar la enfermedad, mientras ganan en maestría con la experiencia. La comprensión de los niños de lo que causa su enfermedad y su tratamiento, es un factor importante para formular en un plan de tratamiento. Lo que retienen los niños años más tarde, permanece en un área para una mayor investigación.
Los chicos pueden estar en tratamiento durante un número de años y en el transcurso de los mismos cambiarán la comprensión de los procesos y los estilos de afrontamiento. La explicación de la leucemia dada a los tres años de edad será diferente de la dada a los seis años. La información médica dada a los niños debe actualizarse regularmente y hacerse más sofisticada, según lo vayan entendiendo (Cincotta, 1993).
Varios autores han empezado a identificar cómo se percibe y experimenta el cáncer en los diferentes estadios de desarrollo y sus efectos en la adquisición del desarrollo. Por ejemplo, los niños en edad preescolar pueden experimentar sentimientos de abandono y separación cuando son hospitalizados, y a menudo enfocados en la posibilidad de heridas corporales. Por consiguiente, la presencia física y el apoyo de los padres es especialmente importante. Los niños en edad de latencia, están generalmente interesados en cultivar nuevas habilidades que les producirá una aceptación social fuera de la familia. Los niños en este nivel, revelan en su nueva autonomía, conexiones con los compañeros y su habilidad para completar con éxito nuevas tareas. Cuando interviene la enfermedad pueden experimentar un sentimiento de pérdida de control, resultando una regresión, acting out o retraimiento.
Después de haber estudiado las teorías del desarrollo motriz en los niños de 5 años según Gesell se puede concluir que el desarrollo motriz en los niños con cáncer, se ve afectado debido a su tratamiento farmacológico (quimioterapia), pues tienen menos capacidad para estar constantemente en actividades físicas ya que su estado no es bueno y se cansan rápidamente.
Algunos niños tienen dificultad para hablar, es decir no hay una buena ejecución del movimiento muscular del rostro, y por lo tanto no hay una producción correcta del habla, en otros niños dicha ejecución y producción se da con normalidad.
Haciendo un análisis sobre la quimioterapia y el desarrollo motriz del niño, consideramos que de acuerdo a los fármacos y la evolución de la enfermedad los niños tienden a tener una clase de dificultades o limitaciones en su desarrollo motriz, debido a que su tratamiento tiene efectos secundarios los cuales son muy fuertes para la edad que los niños tienen, generando así una inactividad parcial y un lento desarrollo motriz.
Los niños de 5 años con cáncer establecen buenas relaciones -afectivas- y dependen de la afectividad de un adulto. Para el niño de la edad de 5 años es muy natural el acto de la obediencia, y se sienten atraídos por las personas que les proporcionan satisfacción.
Los adolescentes «invulnerables», chicos que se acercan a la edad adulta, se hacen independientes de sus familias, estableciendo sus propias identidades y probando lo que la vida tiene que ofrecer. Un diagnóstico de cáncer en este tiempo, fuerza a los adolescentes a hacerse más dependientes de la familia de lo que quieren ser. El asalto a su autoestima puede ser superpoderosa. Debido a la gran cantidad de amistades, tan prominente en este grupo de edad, la comprensión y respuesta de los compañeros son críticas en el adolescente. La ayuda de los compañeros que permanecen implicados con el paciente de cáncer, es el medio de apoyo más efectivo a estos jóvenes pacientes.
Es también importante ayudar a los pacientes adolescentes a dirigir aspectos relevantes acerca de la enfermedad y los recursos pertinentes. Durante la adolescencia, un niño lucha por desarrollar su auto-imagen e identidad, por establecer su independencia, adaptarse a su sexualidad, formar relaciones sociales y planear su futuro. El diagnóstico de un cáncer interfiere con esta etapa del desarrollo. El niño lucha ahora por mantener su independencia, a la misma vez que su enfermedad le hace depender del personal sanitario, de sus padres y del hospital.
Es muy frecuente que los adolescentes con cáncer sientan ser cargas para sus familias y también que nieguen la importancia de su enfermedad. La negación es un mecanismo de defensa que el adolescente usa para adaptarse a la enfermedad. No es necesario enfrentar al adolescente con su actitud de negación, a no ser que ésta interfiera con la administración del tratamiento adecuado (Die Trill, 1989).
El modo en que el niño/adolescente percibe su enfermedad varía según su nivel de desarrollo. En general, los menores de cinco años carecen de la madurez necesaria para entenderla completamente, preocupándoles más la separación de su madre, el abandono y la soledad. Niños de tres-cuatro años son sorprendentemente conscientes muchas veces de la experiencia que están sufriendo. A partir de los seis años temen el dolor físico y el daño corporal. Comprenden que padecen una enfermedad grave y amenazante, y necesitan saber que conseguir su curación llevará un tiempo considerable. En estas edades es importante fomentar la expresiónno verbal de sentimientos (con dibujos, muñecos, etc...) para identificar posibles dificultades por las que esté pasando el enfermo.
Los niños mayores y adolescentes, son capaces de entender su diagnóstico y tratamiento con más detalle. Quizá para ellos cáncer equivalga a muerte, siendo necesario, por tanto, explicarles los avances del tratamiento y los aumentos en los índices de supervivencia conseguidos durante los últimos años. El impacto psicológico del cáncer puede ser más devastador durante la adolescencia que a cualquier otra edad, ya que la enfermedad y su terapia dificultan el desarrollo de una autoimagen y autoestima adecuadas, el establecimiento de una identidad a través de la socialización y la formación de una identidad sexual. Sin embargo, los adolescentes se enfrentan a su enfermedad muy satisfactoriamente (Kellerman, 1980). Los grupos de terapia para adolescentes con cáncer, facilitan la expresión de temores y deseos de estos pacientes y su adaptación a la enfermedad.
Para lograr sus objetivos la Pedagogía Hospitalaria se sirve de los siguientes modos de intervención: la enseñanza escolar, las actividades lúdicas, la orientación personal y las estrategias psicopedagógicas específicas de intervención: estas estrategias conforman los programas de preparación a la hospitalización infantil y entre las más empleadas están: la información procesual y sensorial, los modelos filmados, las técnicas de relajación, la distracción, la imaginación guiada y el tour.
La hospitalización puede tener también un impacto significativo sobre el resto de los hermanos. El niño enfermo llega fácilmente a convertirse en el centro de la familia y de esta forma los hermanos suelen sentirse a menudo rechazados o sobrecargados de responsabilidades. Algunos llegan, incluso, a sentirse culpables y con cierta responsabilidad sobre la condición en la que se encuentra su hermano o hermana.
Uno de los cambios que plantea la sociedad actual es el mayor protagonismo que van adquiriendo los abuelos en el cuidado y atención de los nietos. La progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral, junto con la reducción de la edad de jubilación y el aumento de la esperanza de vida en la población, son factores que potencian este hecho. Así, los abuelos se van convirtiendo también en agentes activos a la hora de atender a sus nietos durante el periodo de enfermedad y hospitalización.
Para tratar adecuadamente los problemas psicosociales, educativos y conductuales, derivados de un ingreso hospitalario, se precisa la colaboración de todos los profesionales involucrados, cada uno de ellos desde el papel que les corresponda. La falta de colaboración y comunicación, entre los profesionales de las distintas disciplinas dedicadas a la atención y cuidado del enfermo pediátrico, se establecen como aspectos culpables de la fragmentación existente en la atención psicopedagógica que el sistema actual ofrece a estos niños y a sus familias. Aunque son grandes los progresos conseguidos, la falta de interdisciplinariedad es todavía patente.
Son muchos los profesionales involucrados en las actividades de Pedagogía Hospitalaria, fundamentalmente maestros y pedagogos. En primer lugar, debe haber una colaboración interdisciplinar entre todos ellos, extensible a los médicos y enfermeras, psicólogos, asistentes sociales, animadores socioculturales (TASOC) y demás profesionales en contacto con el niño enfermo y hospitalizado, sin olvidar la labor del voluntariado.
El Real Decreto 334/1985 de 6 de marzo, de Ordenación de la Educación Especial, en su disposición adicional segunda establece que:
1. Las Administraciones Educativas podrán concertar con las instituciones sanitarias públicas, tanto infantiles como de rehabilitación, así como aquellas que tengan servicios pediátricos permanentes, el establecimiento de dotaciones pedagógicas, necesarias para prevenir y evitar la marginación del proceso educativo de los niños en edad escolar internados en ellas. 2.. Las mismas previsiones podrán adoptarse con respecto a los establecimientos sanitarios privados que regularmente ocupen cuando menos la mitad de sus camas con enfermos cuya estancia y atención sanitaria sean abonadas con cargo a recursos públicos.
LOS DERECHOS DEL NIÑO HOSPITALIZADO
Los derechos de los niños hospitalizados están recogidos en la Carta Europea de los Derechos de los Niños Hospitalizados, adoptada por el Parlamento Europeo el 15 de mayo de 1986, en la que se recogen los siguientes puntos:
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Todas las culturas han desarrollado y usado el juego como un medio para enseñar a los/as niños/as las destrezas necesarias para la vida. El juego no está destinado únicamente a que los/as niños/as pasen el tiempo hasta que se hagan mayores y consigan un trabajo. Es el modo natural que tienen de aprender. A través del juego se pueden practicar los comportamientos y las tareas necesarias para convertirse en adulto. Este proceso es fundamental en todos los niveles de la educación.
Hasta hace aproximadamente 70 años, se relacionaba la utilidad del juego con llegar a ser un adulto de provecho. Las actividades lúdicas estaban relacionadas con las comidas en familia, la caza, la ganadería, la confección de ropa y el cuidado de los/as hijos/as. Pero la sociedad de ahora es más urbana y el desarrollo del juego se ha centrado en dos objetivos: el entrenamiento, y la competición.
En cierto modo, estas dos facetas del juego han servido para ayudar a sobrellevar la vida agobiante de las ciudades. Sin embargo, con demasiada frecuencia, el entrenamiento y la competición llegan a tal extremo que ya no responden al verdadero significado del juego y su potencial educativo.
Se han hecho muchas investigaciones sobre el juego, y se ha escrito mucho sobre ello, y sobre su valor educativo, y ante la pregunta ¿qué es el juego? Podría responderse de muy diversas formas. La respuesta a esta pregunta parece fácil, ya que habitualmente resulta sencillo para el observador reconocer el carácter de juego de una acción, del mismo modo que quién está jugando tiene conciencia de este carácter lúdico. Pero, es difícil limitar el juego a una definición.
«El juego es una actividad lúdica que comporta un fin en sí misma, con independencia de que en ocasiones se realice por un motivo extrínseco» (Diccionario de las Ciencias de la Educación).
Los primeros en enseñarnos el juego suelen ser nuestros padres. El juego en la niñez nos permite relacionarnos con el mundo que nos rodea, interactuar con otros seres humanos y comprender mejor a los demás. El juego es riqueza en sí mismo, nos enseña a enfrentarnos a la vida, nos permite convivir, descansar, conseguir metas y mejorar nuestras relaciones humanas como el dar y recibir amor.
El juego es un proceso creativo donde integramos nuestro cuerpo y mente de manera absoluta y total. Nos hace más equilibrados porque aprendemos como interrelacionarnos con los demás; más sanos porque nos ayuda a descargar nuestras tensiones relajándonos, y más alegres porque reímos y gozamos. Es movimiento y pensamiento. Es libre porque puede comenzar o terminar cuando uno quiere. Pero cuando le damos un sentido social, se puede convertir en deber, puede aparecer la necesidad de ganar, de ser mejor, de superarnos, de dar amor o amistad y es cuando le damos utilidad.
Habitualmente los juegos se dividen en función de criterios antinómicos:
- Juegos individuales y juegos colectivos. - Juegos de interior y juegos de exterior. - Juegos tranquilos y juegos funcionales. - Juegos concretos o físicos y juegos abstractos o intelectuales.
Tradicionalmente se recurre al juego en el grupo, como una forma de pasar el rato, de cambiar el ritmo, de crear una atmósfera distendida. Sin embargo, los juegos, como experiencia de grupo, son un factor importante en su evolución. Los mecanismos que utilizan se basan en unos valores, estimulan un tipo de relaciones o provocan situaciones concretas que pocas veces se valoran. Queremos remarcar el valor del juego como tal, pero a la vez llamar la atención sobre su papel en el grupo.
Hemos diferenciado varios tipos de situaciones o características fundamentales del grupo, en los que el juego puede obrar de una forma motivadora y facilitadora. No quiere decir con esto que cada una sea independiente de las otras, puesto que la realidad del grupo y las relaciones humanas es más rica y compleja que una sucesión de fases. Pero no deja de responder a la realidad de la evolución del grupo, en la que el conocimiento de los participantes, la afirmación, la confianza y la comunicación interpersonal, abren la puerta a nuevas realidades como la cooperación y la resolución de conflictos.
El juego es una actividad propia del ser humano, se presenta en todos los niños, aunque su contenido varíe de acuerdo a las influencias culturales que los distintos grupos sociales ejercen. A esto se suma el hecho de que nuestra especie mantiene la capacidad de jugar más allá de la infancia, un ejemplo de lo cual puede encontrarse en las actividades deportivas.
Podría decirse que el juego es casi un instinto con el que nacemos los seres humanos. En los primeros meses de vida el bebé juega con sus manos, las mira, las descubre y poco a poco entiende lo que puede hacer con ellas. El juego es entonces la forma natural de incorporar a los niños en el medio que les rodea, de aprender, de relacionarse con los otros, de entender las normas de la sociedad a la cual pertenecen.
Un bebé con su sonajero descubre sonidos y movimientos, una niña con su rompecabezas se divierte mientras piensa, relaciona y capta. Así mismo, un adolescente con juegos como «Escondidijos» o de deportes como el fútbol o el baloncesto aprende la importancia del trabajo en equipo, el respeto al otro sea adversario o no y el acatamiento de normas en pro del entendimiento y la sana diversión.
El juego puede ser un fin porque proporciona diversión y esparcimiento pero también puede ser un medio para alcanzar un fin, y en ese sentido los padres pueden crear juegos para que sus hijos aprendan, por ejemplo, a recoger los juguetes después de jugar, despertarles el interés por algunos alimentos, enseñarles a lavarse los dientes y muchas cosas más.
HISTORIA Y EVOLUCIÓN DEL JUEGO
En todas las partes del mundo los niños juegan tan pronto como se les presenta la oportunidad, haciéndolo de una manera totalmente natural. El juego es parte de sus vidas, quizás es una de las pocas cosas en las que pueden decidir por sí mismos.
El juego es una actividad presente en todos los seres humanos. Los etólogos lo han identificado con un posible patrón fijo de comportamiento en la ontogénesis humana, que se ha consolidado a lo largo de la evolución de la especie.
Si buscamos en los orígenes, se puede desprender la contribución del juego a la especie humana. No hay humanidad donde no exista el juego. Es algo que los antropólogos han descubierto, y si pensamos que el juego va unido a la infancia, profundizando sobre él llegaremos a considerar el papel de la infancia a lo largo de la historia.
La prueba de que jugar no es un invento de nuestros días la encontramos en la literatura y el arte antiguos, en los que se describen las actividades de los niños, y en el Foro Romano hay una rayuela gravada en el piso. Los sonajeros más antiguos se fabricaban de vejigas de cerdo o de garganta de pájaros, los que se llenaban de piedras para que el sonido producido estimulara la curiosidad de los niños más pequeños.
Sorprendentemente a menudo, los niños juegan el mismo tipo de juegos: a la rayuela, a saltar a la cuerda, con muñecos o pelotas. Sin embargo, los juegos y los juguetes suelen diferenciarse en las distintas sociedades, dependiendo este fenómeno del acceso a diversos tipos de materiales y a los valores existentes relacionados con el juego.
La manea de considerar a los niños, el juego y los juguetes varía según el país del que estemos hablando. No todas las culturas consideran el juego como un factor importante para el desarrollo o madurez del niño, a pesar de que la investigación especializada ha demostrado que lo más importante que puede hacer un niño es jugar. Esta actividad, además de ser la principal con la que el niño cuenta para relacionarse socialmente y aprender, se constituye en un elemento imprescindible para su correcto desarrollo físico, emocional, y social.
Historia y evolución
Si nos retomamos a las tribus más primitivas, nos encontramos que el juego era una preparación para la vida y la supervivencia. En un principio, cuando la horda primitiva subsistía de la recolección de los que eventualmente encontraban los hombres en su deambular nómada, los niños participaban, desde que les era posible tener una marcha independiente, en la tarea común de la subsistencia, por lo que la infancia, entendida como tal, no existía. Aunque el periodo lúdico de los niños era mucho más corto que sería en tiempos posteriores.
En Grecia tenemos en ejemplo ineludible de los juegos griegos que son sin duda los Juegos Olímpicos. Estos festivales olímpicos se celebraban cada 4 años, era la más importante celebración religiosa, y ofrecía a los griegos desunidos la oportunidad de afirmar su identidad nacional. No se sabe exactamente cuando se celebraron por primera vez, se sabe que venían celebrándose periódicamente antes del 776 a.C., fecha oficial de su comienzo. Llegaban peregrinos de todos lados, tiranos, reyes y jueces acudían a Olimpia protegidos por el armisticio. Hombres de negocios y fabricantes firmaban contratos. Tampoco faltaban los vendedores ambulantes de estatuillas, bocadillos, «souvenirs»- malabaristas, saltimbanquis, magos y videntes; autores leyendo sus obras en voz alta desde las escaleras de los templos...
En Roma, según el poeta latino Juvenal (60-130), la principal preocupación del pueblo era «pan y juegos» (panem et circenses). Utilización política de los juegos para adultos. Adoptaron los juegos infantiles de Grecia y se incorporaron otros por los esclavos.
Pensadores clásicos como Platón y Aristóteles ya daban una gran importancia al aprender jugando, y animaban a los padres para que dieran a sus hijos juguetes que ayudaran a «formar sus mentes» para actividades futuras como adultos.
Platón fue uno de los primeros en mencionar y reconocer el valor práctico del juego, dada la prescripción que hace en Las Leyes, de que los niños utilicen manzanas para aprender mejor las matemáticas y que los niños de tres años, que mas tarde serán constructores, se sirvan de útiles auténticos, sólo que a tamaño reducido.
El mismo Aristóteles que se ocupa de los problemas educativos para la formación de hombres libres, menciona en varios lugares de su obra ideas que remiten a la conducta de juego en los niños, por ejemplo «hasta la edad de cinco años, tiempo en que todavía no es bueno orientarlos a un estudio, ni a trabajos coactivos, a fin de que estos no impida el crecimiento, se les debe, no obstante permitir movimientos para evitar la inactividad corporal; y este ejercicio puede obtenerse por varios sistemas, especialmente por el juego». En otro fragmento menciona que «la mayoría de los juegos de la infancia, deberían ser imitaciones de las ocupaciones serias de la edad futura».
En la Edad Media el juego tenía escasa reglamentación y una estructura sencilla, y se utilizaban pocos objetos. La mayor parte se realizaban al aire libre, rudimentarios, lentos y sin pasión por el resultado.
En el Renacimiento se produce un cambio de mentalidad. Lo individual venia a sustituir a lo colectivo; ya no giraba todo en torno a Dios. Los juegos populares y tradicionales adquieren fuerza, justifican y refuerzan la posición de clase que los practica o que los contempla.
En la segunda mitad del siglo XIX, aparecen las primeras teorías psicológicas sobre el juego de Spender (1855), Lázarus (1883) y Groos (1898, 1901). E iniciado ya el siglo XX, nos encontramos con Hall (1904) y Freíd. Todas las teorías que desarrollan van a adquirir mucha importancia para la explicación del juego, y serán desarrolladas más a delante.
En tiempos más recientes el juego ha sido estudiado e interpretado de acuerdo a los nuevos planteamientos teóricos que han ido surgiendo en Psicología de Piaget (1932, 1946, 1962, 1966) que ha destacado tanto en sus escritos teóricos como en sus observaciones clínicas la importancia del juego en los procesos de desarrollo. Sternberg (1989), también aporta a la teoría piagetiana. Son muchos los autores que, de acuerdo con la teoría piagetiana, han insistido en la importancia que tiene para el proceso del desarrollo humano la actividad que el propio individuo despliega en sus intentos por comprender la realidad material y social. Los educadores, influidos por la teoría de Piaget revisada, llegan a la conclusión de que la clase tiene que ser un lugar activo, en el que la curiosidad de los niños sea satisfecha con materiales adecuados para explorar, discutir y debatir (Berger y Thompson, 1997). Además, Piaget también fundamenta sus investigaciones sobre el desarrollo moral en el estudio del desarrollo del concepto de norma dentro de los juegos. La forma de relacionarse y entender las normas de los juegos es indicativo del modo cómo evoluciona el concepto de norma social en el niño.
Teorías sobre el juego
Existen muchas teorías sobre el juego algunas más clásicas y otras más actuales. En este apartado vamos a nombrarlas todas pero sólo reseñaremos algunas de las más conocidas e importantes teorías para que cada uno saque sus propias conclusiones.
1) POSTURAS CLÁSICAS:
- Teoría metafísica (Platón). - Teoría del sobrante de energía (Spencer, 1855). - Teoría del descanso o recreo (Lazarus, 1833). - Teoría del trabajo (Wundt, 1887). - Teoría del ejercicio preparatorio (Gross, 1899). - Teoría de la recapitulación (Hall, 1904). - Teoría catártica y del ejercicio complementario (Kant, 1925).
- Teoría del exceso de energía:
Ha sido propugnada inicialmente por Herbert Spencer, basada en los escritos filosóficos de Friedrich y Schiller. Esta teoría entiende que el juego se usa como una especie de liberación o canalización del exceso de energía que acumulamos en un momento dado, y que no ha sido usada para ninguna otra actividad productiva o concreta. El juego sirve, para gastar el sobrante de energía que todo organismo joven tiene y que no necesita, pues sus necesidades están satisfechas por otros.
En cierta medida, es cierto que cuando practicamos deporte sentimos (cuando no lo hacemos por un período relativamente largo comparado con lo que estamos acostumbrados) que estamos «desesperados» por consumir esas energías, y no vemos la hora de empezar a movernos o a divertirnos físicamente con lo que nos apasiona. Esto se relaciona directamente, de forma indudable, con las endorfinas y aquellas sustancias que generan placer al ejecutar una actividad física.
Pero también es cierto que si esta teoría fuera aplicable no sólo a los deportistas, no existirían las personas obesas o con exceso de peso o, en definitiva, las personas sedentarias que no juegan (ni siquiera a juegos de mesa o juego azar ninguno) ni hacen deporte alguno.
Formulada por Schiller y desarrollada posteriormente por Hebert Spencer. «El juego es la descarga agradable y sin formalidad de un exceso de energías. Spencer buscó la razón del juego en la existencia de un excedente de energía, que pugnando por evadirse del organismo infantil se desplegaría por los centros nerviosos».
Esta teoría ha tenido sus críticas ya que el juego no siempre es para gastar energías, sino parar reponerse.
Los niños no solo imitan a los adultos, sino también ellos tienen su propia actividad creadora.
- Teoría del descanso o del recreo:
Su principal representante Sherithel; sostuvo que el cambio de actividad u ocupación proporciona la posibilidad de recrear las partes fatigadas del sistema nervioso, en tanto que otras partes entran en actividad. Este criterio hizo establecer los recreos en las escuelas.
Lazarus y Steinthal, definieron al juego como «descanso», basándose en que en la recreación se hace posible el equilibrio entre una parte fatigada del sistema nervioso, causada por el trabajo.
La crítica es que en este planteamiento se sostiene que el niño juega para cansarse y no para descansar.
- Teoría del ejercicio preparatorio o de la anticipación funcional:
Por su parte, el alemán Kart Groos (1898, 1901) concibe el juego como un modo de ejercitar o practicar los instintos antes de que éstos estén completamente desarrollados. El juego consistiría en un ejercicio preparatorio para el desarrollo de funciones que son necesarias para la época adulta. El fin del juego es el juego mismo, realizar la actividad que produce placer. Es más cercana al concepto actual que tenemos sobre el juego. Sostiene que el juego es necesario para la maduración psicofisiológica y que es un fenómeno que está ligado al crecimiento.
Esta teoría del juego consiste en una preparación para la vida, ya que el niño desarrolla las funciones vitales, entendiendo que el adulto es un ejemplo a imitar por los menores.
Groos, ha definido el juego como «El agente empleado para desarrollar potencialidades congénitas y prepararlas para su ejercicio en la vida». Con el juego se logra que los instintos que están incipientes, se motiven, se perfeccionen y se activen las ocupaciones que realizaron cuando mayores. Considera al juego como «un ejercicio de preparación para la vida y cada especie desarrolla, mediante él, algunas virtudes específicas que luego le ayudarán a subsistir».
La crítica dice que interpretar lo que dice Groos al pie de letra es absurdo, significaría aceptar que el mundo estaría lleno de soldados, jinetes, pilotos, ya que estos son los juegos que representan los niños.
- Teoría del juego como atavismo o recapitulación:
Esta teoría podría definirse como antropológico-genética, ya que mantiene que el juego es un residuo de actividades de las generaciones de nuestros antepasados, haciendo con ellos una recapitulación de la historia de la humanidad. Esta teoría acerca entonces el juego al ritual, viendo al primero como un heredero directo de este último.
Es sostenida por un autor llamado G.S Hall iniciado ya el S. XX, que se basa en las teorías evolucionistas, que asocian el juego a la cultura humana y proponen que cada individuo reproduce el desarrollo de la especie, por eso el niño realiza el juego, como actividades que sus ascentros realizaron.
Es cierto que existen muchos juegos que pueden enmarcarse dentro de esta categorización, como ocurre con el antiguo juego de pelota maya, que era un ritual a la vez que un juego, y donde el equipo perdedor era «sacrificado» de una forma simbólica.
Sin embargo, hay muchos otros, también llamados «juegos», que fueron creados recientemente, y aunque probablemente pueden ser movidos por instintos humanos, nada parece indicar que se relacionen con nuestros antepasados de forma directa.
Stanley Hall, dice que los niños reproducen en sus juegos los actos que nuestros antepasados nos dejaron. Los niños mediante sus juegos evolucionan del mismo modo como lo hicieron en el proceso histórico de la humanidad.
Hay autores que dicen que no es correcta, porque muchos tradicionales de los cuales nos habla esta teoría deberían desaparecido por solo recordar algunas cosas o partes del juego, para lo que podemos rescatar de esta teoría los elementos que eran utilizados por nuestros antepasados en la actualidad siguen utilizados como por ejemplo: bolitas, pelotas, carreras. Luchas, etc.
- Teoría catártica:
Planteada por Kant, defiende al juego como un acicate, que sirve al organismo para impulsar su crecimiento y desalojar las proposiciones antisociales con los que el niño llega al mundo. El juego sirve como un acto purificador de los instintos nocivos: Ejemplo, el instinto guerrero se descarga en el juego de peleas.
Defiende que aquellos impulsos que pudieran ser nocivos en el niño por causas preexistentes, obtienen, en el juego, una salida inocente, al actuar éste como medio purificador de las tendencias antisociales
Immanuel Kant, el conocido filósofo, también pronunció su opinión sobre el juego, desarrollando una teoría acorde con su visión moralista y conservadora del mundo, que lo entiende como un mecanismo de liberación de los instintos que pueden ser nocivos para el ser humano.
Debemos decir a este respecto, que esta teoría sirve aún hoy para justificar en boca de algunos irresponsables, los actos bárbaros y violentos que llevan acabo los jugadores de determinados deportes, sobre todo jugadores amateurs, dirigidos contra el rival, el adversario, el público de la hinchada contraria o los árbitros.
Por otra parte, esta teoría es la que sustenta el llamado «pan y circo». Es decir, darle al pueblo deporte o espectáculo, lo mantiene «tranquilo» (catarsis) y aleja con su «catarsis» a su mente de temas que los políticos consideran más importantes (poder y dinero) .
Aunque aceptar esta teoría diríamos que todo juego es como una fuerza nociva que tiende a liberarse.
2) POSTURAS MODERNAS:
- Teoría de la derivación por ficción (Claparéde, 1932) - Teoría de la infancia (Buytendikj, 1933) - Teoría psicoanalítica (Freud 1898.1932) - Teoría del placer funcional (Bühler, 1924) - Teoría piagetana o intelectual (Piaget, 1932) - Teoría evolucionista (Wallon, 1941) - Teoría fenomenológica (Scheurl, 1954) - Teoría sociocultural del juego (Vygostki, 1933 y Elkonin, 1980) - Teoría de la simulación (Garvey, 1977)
- Teoría social o sociocultural:
Para el autor Lev S. Vygotsky (1981) el juego es una actividad social, en la cual gracias a la cooperación con otros niños, se logran adquirir papeles o roles que son complementarios al propio. También este autor se ocupa principalmente del juegos simbólico y señala como el niño transforma algunos objetos y los convierte en su imaginación en otros que tienen para él un distinto significado, por ejemplo, cuando corre con la escoba como si ésta fuese un caballo, y con este manejo de las cosas se contribuye a la capacidad simbólica del niño.
Esta es una teoría de desarrollo social que resalta que el niño se desarrolla en interacción con su medio circundante. Según Vygotsky, el juego es el factor básico del desarrollo del niño y es una actividad consciente, con propósitos claros y precisos. Opina que los niños no juegan antes de cumplir los tres años de edad, ya que están dirigidos por la situación en la que se encuentran. Es en la edad preescolar en que el juego hace su aparición, siendo este un rasgo esencial que disminuye en la edad escolar, donde el trabajo y el aprendizaje ocupan la mayor parte de la vida del niño.
- Teoría psicoanalítica:
Es desarrollada por Freud que concibe al juego como la manifestación de tendencias y deseos ocultos. El juego sería según puede interpretarse (ya no como una teoría perfectamente definida, sino como una especie de definición derivada) como el resultado del intentar satisfacer los impulsos eróticos y/o agresivos, algo que se conjugaría con la necesidad innata al hombre de expresar y comunicar. El que desarrolló e impulsó esta teoría a través del psicoanálisis no podía ser otro que Freud.
Actualmente al psicoanálisis (junto con las teorías que, como esta, de él se derivan) se lo ve, en la mayoría de las universidades del mundo donde se lo estudia, como una de las fases históricas de la psicología en su avance hacia una método más fiable, ya que el mismo está absolutamente desacreditado sobre todo por los flagrantes errores metodológicos que (desde el punto de vista del método científico) cometió Freud al crear esta teoría.
- Teoría piagetana o intelectual:
Muchos autores, con J. Piaget a la cabeza, han definido el juego en relación a las etapas evolutivas de los niños como una parte importante e imprescindible de dicha evolución o maduración social e intelectual. Para Piaget, los tipo de juego que utilizamos de chicos están definidos en función de una etapas de desarrollo cognitiva concretas que atravesamos. A una etapa cognitiva determinada, un tipo de juego que la refleja.
Considera el juego como un camino para adquirir conocimientos sobre nuevos y más complejos objetos y acontecimientos, como una manera de ampliar la formación de conceptos e integrar el pensamiento con el acto. Piaget, expresa que el juego aparece como una consecuencia directa del nivel de desarrollo del niño, es decir, de su estructura mental.
Durante los distintos estadios los niños desarrollan sucesivamente la capacidad de generalización, diferenciación y coordinación, convirtiéndose los reflejos en señales dirigidas por la voluntad. Los movimientos del niño son cada vez más exactos, aprendiendo a través de repeticiones a influenciar el medio circundante, a gatear y a caminar.
- Teoría de la derivación por ficción:
En esta teoría el juego suple durante la infancia a las actividades profesionales de la edad adulta. El niño, desde el momento que empieza a jugar va haciéndolo con juegos o actividades que tienen mucho que ver con la vida adulta, como las niñas con las muñecas y las cocinas, etc. A través del juego se van representando los roles que más tarde es probable ejerzamos como adultos, y de esta manera en por lo que parece que nos vamos preparando para la madurez.
Cuando desde niños decimos que de mayores queremos ser de una determinada profesión procuramos que nuestros juegos vayan encaminados a realizar esas funciones que nos gustan como profesión para nuestra etapa adulta.
CARACTERÍSTICAS DEL JUEGO
Las características esenciales del juego siguiendo las líneas generales a Roger Caillois en Teoría de los juegos (Seix Barral, Barcelona, 1958) son:
- El juego se articula libremente, es decir que no es dirigido desde afuera.
- La realidad en que se desarrolla dicho proceso es ficticia, en el sentido de que se estructura mediante una combinación de datos reales y datos fantaseados.
- Su canalización es de destino incierto en el sentido de que no prevé pasos en su desarrollo ni en su desenlace. Justamente, la característica de incierto es la que mantiene al jugador en desafío permanente, haciéndole descubrir y resolver alternativas.
- Es improductivo, en el sentido de que no produce bienes ni servicios. No es útil, en el sentido común que se le da al término. Finalmente, su interés fundamental no es arribar a la consecución de un producto final.
- Es reglamentado en el sentido de que durante su transcurso se van estableciendo convenciones o reglas «in situ», en forma deliberada y rigurosamente aceptada.
- Produce placer, es decir que la actividad en sí promueve en forma permanente un desafío hacia la diversión. Todas estas características se ven violentadas o simplemente disminuidas en su accionar cuando el juego se regla externamente o es utilizado como medio para lograr objetivos externos a su propio desarrollo.
EL JUEGO Y LA EDUCACIÓN
Si el juego tiene una función EDUCATIVA, tendremos que tener claro que significa el concepto de EDUCACIÓN.
En general y a nivel vulgar, se entiende por persona educada, aquella que tiene una cultura media y sabe comportarse ante determinadas situaciones. Esta definición, se atiene a hechos que son verdad, pero la educación no es sólo eso, sino algo más. Esta definición queda incompleta porque sólo reflejaría el factor externo, respondiendo al concepto Pre-científico.
Si tenemos en cuenta el concepto etimológico: educación: EDUCO, EDUCAS, EDUCAR, se entiende como un proceso de fuera a dentro, sinónimo de criar, proceso de influencia externa. La persona nace sin hacerse y la ayuda externa los educa. El educador/a tendría un papel similar al de un escultor, porque va esculpiendo a la persona y ésta será el resultado del trabajo del escultor únicamente. Responden estas ideas al movimiento del pesimismo antropológico, representado por Kant y Durkeim.
Si nos referimos al movimiento del «optimismo antropológico» representado por Rosseau y Montesori, veremos que estos entienden por educación dejar hacer, crecimiento: EDUCERE. En este caso el educador es como un jardinero que va quitando las malas hiervas para que la persona crezca y aflore lo que hay dentro de ella, que se va conociendo, aceptando sus posibilidades y limitaciones, para que se vaya convirtiendo en un ser distinto de los demás. Es lo que se llama auto-educación.
Ambas posturas son opuestas, pues no hay un acuerdo en el término etimológico de la palabra EDUCACIÓN. Pero además, son posturas, también externas, ya que la persona ni está formada únicamente por la influencia externa (heteroeducación), ni únicamente por lo que hay dentro de ella (auto-educación).
Por tanto, ambos procesos deben de ser complementarios y surge el «realismo antropológico», que considera a la persona capaz de desarrollar lo que hay dentro de ella, pero a la vez necesita algunos estímulos externos. La educación es entendida etimológicamente como «COMPLERE», que significa ayuda y cuidado y el educador sería como un regulador de tráfico, porque educa a la persona alternando lo positivo que hay dentro de ella con las influencias del exterior.
La importancia del juego en la educación es grande porque pone en actividad todos los órganos del cuerpo, fortifica y ejercita las funciones psíquicas. El juego es un factor poderoso para la preparación de la vida social del niño; jugando se aprende la tolerancia, se forma y consolida la personalidad y se estimula la creatividad. En lo que respecta al poder individual, los juegos desenvuelven el lenguaje, despiertan el ingenio, desarrollan el espíritu de observación, afirma la voluntad y perfeccionan la paciencia. También favorecen la agudeza visual, táctil y auditiva; aligeran la noción del tiempo, del espacio; dan soltura, elegancia y agilidad del cuerpo.
La aplicación provechosa de los juegos posibilita el desarrollo biológico, psicológico, social y espiritual del hombre. Su importancia educativa es trascendente y vital. Sin embargo, en muchas de nuestras escuelas se prepondera el valor del aprendizaje pasivo, domesticador y alienante; no se da la importancia del caso a la educación integral y permanente. Tantas escuelas y hogares, pese a las época que vivimos o se nos exige vivir, todavía siguen lastrados en vergonzosos tradicionalismos.
La escuela tradicionalista sume a los niños a la enseñanza de los profesores, a la rigidez escolar, a la obediencia ciega, pasividad, ausencia de iniciativa. Lo único que le importa cultivar es la asunción de conocimientos. El juego está vedado o en el mejor de los casos admitido solamente al horario de recreo.
Frente a esta realidad la Escuela Nueva es una verdadera mutación en el pensamiento y accionar pedagógico. Tiene su origen en el renacimiento y en el humanismo, como oposición a la educación medieval, dogmática autoritaria y tradicional. Tiene la virtud de respetar la libertad y autonomía infantil, su actividad, vitalidad, individualidad y colectiva. El niño es el eje de la acción educativa. El juego, en efecto, es el medio más importante para educar.
Para entender la importancia que tiene el juego en la educación, es imprescindible que analicemos las formas actuales de diversión.
Los/as niños/as juegan actualmente, la mayoría del tiempo, con videojuegos o deportes de competición para profesionales, que no muestran los valores ni las técnicas que necesitan para saber resolver sus problemas cuando sean mayores. Los conflictos entre ellos y sus juegos electrónicos no requieren ningún tipo de comunicación. El juego siempre tiene razón y el/la niño/a tiene el recurso de acabar con el conflicto apretando el botón para iniciar una nueva partida. Muchas veces aprender artimañas manipulativas para evitar pasar por esas dificultades, y las asimilan como una habilidad.
Los/as niños/as necesitan aprender pautas de comunicación mucho más productivas, más realistas y más efectivas para llegar a ser adultos felices. Los conflictos entre compañeros/as son de persona a persona, no de persona a máquina. La mayoría de las veces lo importante de un conflicto entre dos personas no es si se tiene razón o no; la forma en la que discutimos es más relevante qué quien está en los cierto o quién está equivocado/a.
Estas son razones que nos hacen ver lo necesario que es el juego en la educación. El juego no está destinado únicamente hasta que los/as niños/as pasen el tiempo, sirve para mucho más, sirve para educar. Veamos algunas de las razones por las que el juego es educativo.
- Promueve habilidades sociales sanas: los/as niños/as aprenden y desarrollan actitudes sociales sanas y positivas mientras juegan.
- Encauzan conductas agresivas: se puede utilizar el juego sano para reducir y encauzar conductas agresivas en la clase, en una Ludoteca, guardería y en casa.
- Aumentan la autoestima: todos/as los/as niños/as pueden ser educados/as para que desarrollen un concepto positivo de sí mismos no basta con hablar o leer sobre la autoestima. Los/as niños/as tienen un razonamiento demasiado positivo y no aprenden de esa forma. La autoestima se consolida a partir de lo que se hace.
- Fomentan las relaciones sociales positivas: a través del juego, los/as niños/as aprenden a llevarse bien con los demás y a hacer amigos/as. Sean cuál sean los resultados académicos finales, es fundamental que aprendan las destrezas que les permitan relacionarse socialmente con los demás. Uno de los objetivos fundamentales de la educación es desarrollar relaciones sociales fructíferas.
- Promueve la participación: hace que los/as niños/as se impliquen con los/as demás, y que puedan realizar todo tipo de actividades de carácter lúdico de una manera conjunta sin discriminaciones y sin que nadie se sienta marginado/a.
- Impulsa valores positivos de la vida: los/as niños/as se acostumbran a ser cariñosos/as, a compartir y a ser humanitarios y tolerantes. Además, las actividades del juego sano se convierten en la pista donde los/as niños/as asumen la responsabilidad personal de sus actos. Asimismo, es responsabilidad tutelar de todos/as criticar las áreas en las que la conducta de un niño/a necesita mejorar, y se requiere, por tanto, un aprendizaje adicional. Estos asuntos se pueden abordar de una forma segura durante las actividades con juegos saludables.
- Mejora la salud emocional y física: jugar todos los días es bueno para la salud emocional y física de los/as niños/as. No tienen la capacidad para mantener la atención durante seis horas seguidas, por lo que el juego les hace liberarse y soltar adrenalina. Cuando el juego se integra en el tiempo que se emplea para enseñar valore sociales, se transforma el algo muy valioso que hace que se mejore la salud, entre otras cosas.
- Desarrolla una cultura positiva de influencias: este beneficio se refiere a utilizar la influencia de los demás como una herramienta para aprender un comportamiento social deseable. Estamos tan acostumbrados/as a pensar en los aspectos negativos del influjo de los otros que pasamos por alto los aspectos positivos.
FUNCIONES DEL JUEGO EN EL DESARROLLO INFANTIL
Durante los distintos periodos de su desarrollo, el niño tiene diferentes intereses. A veces se habla, por ejemplo, que el niño tiene periodos críticos en su desarrollo, siendo de vital importancia considerar los intereses espontáneos de cada periodo para lograr un desarrollo íntegro.
Su universalidad es el mejor indicativo de la función primordial que debe cumplir a lo largo del ciclo vital de cada individuo. Habitualmente se le asocia con la infancia, pero lo cierto es que se manifiesta a lo largo de toda la vida del hombre, incluso hasta en la ancianidad.
Los expertos en desarrollo infantil comentan que en el juego existe libertad para experimentar con nuevas experiencias y para cometer errores. Durante el juego el niño establece sus propios ritmos y controla la situación, es independiente y tiene tiempo para resolver los problemas que se le plantean. Todos ellos factores importantes para obtener un pensamiento eficaz. Los adultos deben ser agentes mediadores para llevar al niño a realizar juegos eficaces y con sentido, acercándole las situaciones y juguetes de los que pueda aprender más.
Por eso, tenemos que tener en cuenta las funciones del juego en el desarrollo infantil ya que es el lenguaje principal de los niños. Éstos se comunican con el mundo a través del juego. El juego de los niños siempre tiene sentido, según sus experiencias y necesidades particulares. Muestra la ruta a la vida interior de los niños; expresan sus deseos, fantasías, temores y conflictos simbólicamente a través del juego. Refleja su percepción de sí mismos, de otras personas, y del mundo que les rodea. A través del juego los niños lidian con su pasado y su presente, y se preparan para el futuro.
- El juego estimula todos los sentidos. - El juego enriquece la creatividad y la imaginación. - El juego ayuda a utilizar energía física y mental de maneras productivas y/o entretenidas
El juego es divertido, y los niños tienden a recordar las lecciones aprendidas cuando se están divirtiendo, por esto el juego facilita el desarrollo de:
- Habilidades físicas: agarrar, sujetar, correr, trepar, balancearse. - Habla y lenguaje: desde el balbuceo, hasta contar cuentos y chistes. - Destrezas sociales: cooperar, negociar, competir, seguir reglas, esperar turnos. - Inteligencia racional: comparar, categorizar, contar, memorizar. - Inteligencia emocional: auto-estima, compartir sentimientos con otros.
También, el juego facilita el aprendizaje sobre:
- Su cuerpo: habilidades, limitaciones. - Su personalidad: intereses, preferencias. - Otras personas: expectativas, reacciones, cómo llevarse con adultos y con niños. - El medio ambiente: explorar posibilidades, reconocer peligros y límites. - La sociedad y la cultura: roles, tradiciones, valores. - Dominio propio: esperar, perseverar, lidiar con contratiempos y derrotas. - Solución de problemas: considerar e implementar estrategias. - Toma de decisiones: reconocer opciones, escoger, y lidiar con las consecuencias.
A continuación, se explica sintéticamente, el papel del juego en el desarrollo de las múltiples cualidades del ser humano:
- Desarrollo cognitivo. - Desarrollo motor. - Desarrollo social. - Desarrollo afectivo y emocional.
Desarrollo cognitivo
El área cognitiva hace referencia a cómo el niño va tomando conciencia de sí mismo y de su entorno, como entidades separadas. A medida que se desarrolla, sus relaciones con los objetos o las personas que le rodean se van haciendo más complejas. Por ello, el objetivo principal de esta área es que el niño elabore estrategias cognitivas que le permitan adaptarse a los problemas con los que se va encontrando en los primeros años.
El psicólogo suizo Jean Piaget describió el concepto de objeto permanente como una de las adquisiciones cognitivas más importantes en el desarrollo de los niños. En un principio, el bebé considera que sólo existe lo que él ve o percibe en ese momento. Poco a poco, y a medida que se hace consciente de que él es algo diferente y separado de su madre y del resto de su entorno, va tomando conciencia también de que los objetos o las personas existen aunque en ese momento no las esté percibiendo.
El motivo de incluir aquí el juego es que probablemente sea el factor más importante en el desarrollo cognitivo del niño, ya que sus principales experiencias de aprendizaje se consiguen durante el mismo. El juego cognoscitivo es aquél que nos revela el desarrollo mental de los niños. Este tipo de juego evoluciona según el niño avanza en su desarrollo cognitivo. El pequeño progresa a partir del juego repetitivo que consiste en movimientos musculares simples (rodar una pelota). De ahí pasa al juego constructivo (construir una torre de bloques), más adelante ya puede realizar el llamado juego simbólico (jugar a la maestra, a la mamá, al doctor, etc.), para después pasar al juego formal con reglas (damas chinas, etc.).
En el desarrollo cognitivo el juego crea y desarrolla estructuras mentales, promoviendo la creatividad:
- Los juegos manipulativos son un instrumento de desarrollo del pensamiento. - El juego es una fuente de aprendizaje que crea zonas de desarrollo potencial. - La actividad lúdica estimula la atención y la memoria. - El juego simbólico o de representación fomenta el descentramiento cognitivo. - El juego origina y desarrolla la imaginación y la creatividad. - El juego estimula la discriminación fantasía-realidad, y el pensamiento científico y matemático. - El juego es comunicación y facilita el desarrollo del lenguaje coherente. - La ficción que conlleva el juego es una vía de desarrollo del pensamiento abstracto.
Desarrollo motor
El desarrollo motor se ve potenciado desde el juego, en la medida que los patrones motrices son explorados con amplia gama de posibilidades y sin restricciones desde éste; por ejemplo, partiendo de una de las bases como lo es la coordinación que es estimulada desde los juegos que involucren los movimientos tanto finos como gruesos; es decir, si al niño le proponemos que camine sobre una línea o corra repetidamente, muy posiblemente él desarrolle las acciones; más si se lo proponemos desde el juego, se mejorarán la oportunidades de hacerlo técnicamente a partir de la repetición y la corrección jugada; es así como el juego también hace parte importante para el aprendizaje de los deportes a temprana edad sin separar al niño de las alternativas que más le atraen como lo es el juego.
El desarrollo motor del niño/a es determinante para su evolución general. La actividad psicomotriz proporciona al niño sensaciones corporales agradables, además de contribuir al proceso de maduración, separación e independización motriz. Mediante esta actividad va conociendo su esquema corporal, desarrollando e integrando aspectos neuromusculares como la coordinación y el equilibrio, desarrollando sus capacidades sensoriales, y adquiriendo destreza y agilidad.
Determinados juegos y juguetes son un importante soporte para el desarrollo armónico de las funciones psicomotrices, tanto de la motricidad global o movimiento del conjunto del cuerpo, como de la motricidad fina: precisión prensora y habilidad manual que se ve favorecida por materiales lúdicos.
En el desarrollo motor, el juego potencia el desarrollo del cuerpo y los sentidos:
- Descubre sensaciones nuevas, dominado los sentidos. - Coordina los movimientos de su cuerpo. - Estructura su representación mental del esquema corporal. - Explora sus posibilidades sensoriales y motoras, ampliándolas. - Se descubre a sí mismo en el origen de las modificaciones materiales que provoca. - Va conquistando su cuerpo y el mundo exterior. - Tiene experiencias de dominio que le fomentan la confianza en sí mismo. - Fomenta la capacidad de imitación. - Facilita la manipulación de objetos. - Proporciona equilibrio y fuerza. - Mejora la coordinación visiomotora.
Desarrollo social
El desarrollo social es fundamental para que los niños interactúen entre sí en diferentes grados. A medida que un niño va creciendo, su juego tiende a ser más social y cooperativo. En un principio juegan solos, después lo hacen al lado de otros niños hasta que finalmente incluyen a los otros en su juego. El ambiente es un factor importante para el desarrollo del juego social, es decir, si el niño pasa mucho tiempo solo, tiene pocos o ningún hermano, ve mucha televisión o cuenta con juguetes más elaborados o complicados, tenderá a jugar solo durante más tiempo, ya que su medio lo habrá hecho más pasivo y estará acostumbrado en menor grado a la interacción con otros.
Generalmente los niños que han pasado más tiempo en guarderías o centros de cuidado, juegan más socialmente. El juego social se considera más maduro que el solitario, ya que el hecho de que el niño tome en cuenta a otros para sus actividades, nos da cuenta de la gradual disminución en el egocentrismo normal de cada niño. Sin embargo, existen juegos solitarios que están más enfocados al desarrollo cognoscitivo que al social, de tal manera que contribuye al desarrollo de la independencia y madurez cognitiva. Con esto no pretendemos decir que un tipo de juego es mejor que otro, simplemente tratamos de evidenciar las ventajas de cada uno de ellos.
También es importante considerar la personalidad de cada pequeño, hay niños que disfrutan más las actividades no sociales que las de grupo, y no necesariamente se trata de niños con problemas de inseguridad, autoestima o egocentrismo extremo. Existen niños que son más introvertidos que otros desde pequeños, sin que esto implique un trastorno en el desarrollo.
En la medida en que los juegos y los juguetes favorecen la comunicación y el intercambio, ayudan al niño a relacionarse con los otros, a comunicarse con ellos y les prepara para su integración social.
En los primeros años el niño y la niña juegan solos, mantienen una actividad bastante individual; más adelante la actividad de los niños se realiza en paralelo, les gusta estar con otros niños, pero unos al lado de los otros. Es el primer nivel de forma colectiva de participación o de actividad asociativa, donde no hay una verdadera división de roles u organización en las relaciones sociales en cuestión; cada jugador actúa un poco como quiere, sin subordinar sus intereses o sus acciones a los del grupo. Más tarde tiene lugar la actividad competitiva, en la que el jugador se divierte en interacción con uno o varios compañeros. La actividad lúdica es generalmente similar para todos, o al menos interrelacionada, y centrada en un mismo objeto o un mismo resultado. Y puede aparecer bien una rivalidad lúdica irreconciliable o, por el contrario y en un nivel superior, el respeto por una regla común dentro de un buen entendimiento recíproco. En último lugar se da la actividad cooperativa en la que el jugador se divierte con un grupo organizado, que tiene un objetivo colectivo predeterminado. El éxito de esta forma de participación necesita una división de la acción y una distribución de los roles necesarios entre los miembros del grupo; la organización de la acción supone un entendimiento recíproco y una unión de esfuerzos por parte de cada uno de los participantes. Existen también ciertas situaciones de juego que permiten a la vez formas de participación individuales o colectivas y formas de participación unas veces individuales y otras veces colectivas; las características de los objetos o el interés y la motivación de los jugadores pueden hacer variar el tipo de comportamiento social implicado.
En el desarrollo social el juego es un instrumento de comunicación y socialización infantil:
a) Los juegos simbólicos, de representación o ficción:
- Estimulan la comunicación y cooperación con los iguales. - Amplían el conocimiento del mundo social del adulto y prepara al niño para el mundo del trabajo. - Estimulan el desarrollo moral, ya que son escuela de autodominio, voluntad y asimilación de reglas de conducta. - Facilitan el autoconocimiento, el desarrollo de la conciencia personal. - Ayudan en los procesos de adaptación socio-emocional
b) Los juegos de reglas:
- Son aprendizaje de estrategias de interacción social. - Facilitan el control de la agresividad. - Son ejercicio de responsabilidad y democracia.
c) Los juegos cooperativos:
- Promueven la comunicación e incrementan los mensajes positivos en el seno del grupo. - Mejoran el autoconcepto, aumentando la aceptación de uno mismo y de los demás. - Aumentan el nivel de participación en actividades de clase. - Estimulan los contactos físicos positivos en el juego libre, y disminuyen los contactos físicos negativos y las interacciones verbales negativas. - Incrementan las conductas de cooperar y compartir, es decir, la conducta prosocial. - Potencian la conducta asertiva disminuyendo las conductas pasivas y agresivas. - Mejora el ambiente o clima social de aula. - Facilitan la aceptación interracial
Desarrollo afectivo y emocional
El desarrollo de la afectividad se explicita en la etapa infantil en forma de confianza, autonomía, iniciativa, trabajo e identidad. El equilibrio afectivo es esencial para el correcto desarrollo de la personalidad. El juego favorece el desarrollo afectivo o emocional, en cuanto que es una actividad que proporciona placer, entretenimiento y alegría de vivir, permite expresarse libremente, encauzar las energías positivamente y descargar tensiones.
Además, el juego supone a veces un gran esfuerzo por alcanzar metas, lo que crea un compromiso consigo mismo de amplias resonancias afectivas. También, en ocasiones el niño se encuentra en situaciones conflictivas, y para intentar resolver su angustia, dominarla y expresar sus sentimientos, tiene necesidad de establecer relaciones afectivas con determinados objetos. El juguete se convierte entonces en confidente, en soporte de una transferencia afectiva. .
El niño y la niña tienen además necesidad de apoyarse sobre lo real, de revivir situaciones, de intensificar personajes para poder afirmarse, situarse afectivamente en el mundo de los adultos y poder entenderlo. En los primeros años, tanto los juguetes típicamente afectivos (peluches, muñecos y animales), como los que favorecen la imitación de situaciones adultas (lavarse, vestirse, peinarse...) pueden favorecer el desarrollo de una buena afectividad.
En otras ocasiones el juego del niño supone una posibilidad de aislarse de la realidad, y por tanto de encontrarse a sí mismo, tal como él desea ser. En este sentido, el juego ha sido y es muy utilizado en psicoterapia como vía de exploración del psiquismo infantil.
En el desarrollo afectivo y emocional el juego promueve el equilibrio afectivo y la salud mental:
- Es una actividad placentera que estimula satisfacción. - Permite la asimilación de experiencias difíciles facilitando el control de la ansiedad asociada a estas situaciones. - Posibilita la expresión simbólica de la agresividad y de la sexualidad infantil. - Es un medio para el aprendizaje de técnicas de solución de conflictos. - Facilita el proceso progresivo de la identificación psicosexual. - Desarrolla la subjetividad del niño.
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